54. Tormento

   Alex y Patri eran un matrimonio ejemplar, con dos niñas pequeñas abocadas al sortilegio del éxito. La pareja se quería, se complementaba y solventaban sus desavenencias con el diálogo y la ternura, cómplices en una relación que era la envidia de su círculo más cercano. Al menos eso parecía de cara a la galería, pero nada más lejos de la realidad. La alarma saltó cuando unos amigos acudieron a una de las cenas que preparaban todos los meses cada vez en una casa. Esa noche tocaba en la de Alex y Patri. Las niñas dormirían en casa del abuelo, no las convenía estar hasta las tantas, esas veladas se extendían hasta altas horas de la noche. Las dos parejas que esperaban llegaron a la hora convenida, pero Patri no apareció hasta casi una hora más tarde, cosa que reprendió Alex.

   —Lo siento chicos, mi jefe se ha empeñado en que termináramos unos informes y no he tenido más remedio que quedarme.

   Alex cogió a su pareja del brazo y fueron a la cocina.

   —¿Te parece normal lo que has hecho?¿Ponerme en evidencia delante de nuestros amigos?—le dijo Alex.

   —No empieces otra vez, cariño. No he tenido más remedio.

   —Eres gilipollas, que sea la última vez, te lo advierto. He tenido que preparar yo la cena, imbécil. Saca todo esto, a ver si empezamos de una puta vez.

   Patri agachó la cabeza mientras su pareja se dirigía al comedor a sentarse con sus amigos. Cogió los platos que había calentado Alex y sirvió la cena. Abrió un buen vino y se sentó con ellos, disimulando el mal trago de la cocina. Sus amigos intuían que algo pasaba, ya lo notaron hacía tiempo, pero no decían nada. La cena transcurrió sin incidentes. A Patri se le daba muy bien la cocina, la noche anterior preparó todo con esmero y Alex solo tuvo que calentarla, aunque se pondría las medallas.

   —Trae el postre, cariño.

   A Patri se le hizo un nudo en la garganta, se le había olvidado recoger el pastel de nata y crema que habían encargado en la mejor pastelería de la ciudad al salir del trabajo. Le pidió a Alex que le acompañara a la cocina.

   —No sé cómo decírtelo, pero…

   —No me digas que se te ha olvidado recoger el pastel.

   Patri asintió con miedo. Sabía que iba a provocar la ira de su pareja y las consecuencias serían irremediables, lo tenía asumido.

   —¡Eres subnormal, no vales para nada!—le gritaba Alex mientras le pegaba tortazos en la cara y puñetazos en los brazos.

   Los amigos escuchaban la discusión divertidos, cuchicheando entre ellos, se convirtió en algo habitual en las últimas cenas y lo dejaban pasar. Volvieron a la mesa con unos bollitos que tenían de retén, no había otra cosa, así que dieron buena cuenta de ellos.

   —A esta inutilidad que tengo se le ha olvidado recoger un pastel que teníamos encargado, os tenéis que contentar con esto.

   Los invitados no le dieron importancia, pero los desprecios y las vejaciones que Alex infligía a su pareja, incluso delante de ellos, lo tomaban como algo normal, e incluso se reían de Patri diciendo que se notaba quién llevaba los pantalones en casa. Patri sonreía y asentía siendo el objeto de las burlas de su pareja y sus amigos, todo se normalizó, lo tenía interiorizado.

   Cuando se marcharon, les tocaba recoger, entre los dos no tardarían nada. Patri llevaba una pila de platos a la cocina y no pudo evitar el desastre. Se le cayó cuando iba a posarlos sobre la encimera y varios se rompieron en medio de un gran estruendo. Cuando Alex llegó y vio el panorama, comenzó a propinar a su pareja patadas y puñetazos entre insultos e improperios tales como inútil, gilipollas, imbécil, ojalá te mueras, no vales para nada. Patri no hizo otra cosa que ponerse en posición fetal en el suelo para defenderse de los golpes que su pareja le propinaba. Alex se pasó, y lo sabía. Tras unos minutos de respiración lenta, ayudó a Patri a levantarse y llegaron al tálamo nupcial.

   —Lo siento cariño, pero es que a veces me enervas. Te quiero mucho, pero no puedo remediar el comportarme así ante tus tonterías.

   Patri se mantenía en silencio, escuchando lo que tantas veces su pareja le había explicado después de tan violenta paliza. Patri no hablaba, mantenía la cabeza gacha, sin ver ni escuchar. ¡Tantas veces le había prometido que iba a cambiar!, pero eso no ocurría, al día siguiente volvería a las andadas. Se acostó tras una promesa y una caricia, con dolor, mucho dolor, más en el corazón que en el cuerpo, y Patri lloró toda la noche en silencio.

   Al día siguiente se despertó, pero su pareja no estaba en la cama. Se levantó y se dirigió a la cocina. Estaba toda recogida y Alex esperaba con el desayuno preparado. ¡Sorpresa! Pensó que puede que sí cambiara después de todo.

   —Todo para mi cariñito, mi amor. Es mi forma de decirte lo siento.

   Patri no sabía si reír o llorar. No se lo creía. Abrazó a Alex y se dieron un beso apasionado, de los que hacía mucho que no se daban. Desayunaron tranquilamente, pero Alex advirtió los cardenales en los brazos y piernas de Patri. Le comentó que, antes de recoger a las niñas debería ponerse ropa larga para ocultar esas lesiones, para evitar malentendidos con el abuelo. Patri tenía pensado ponerse unos pantalones cortos y una camiseta, haría mucho calor ese día, y así se lo hizo saber.

   —¿Quieres que nos llevemos bien, amorcito? No empecemos otra vez, ¿vale?

   Patri accedió, no quería volver a lo mismo. Alex había recogido la cocina y había preparado el desayuno, y eso era un paso importante.

   —Así me gusta, que seas obediente, cariño. Sabes que pierdo los nervios con facilidad y parece que quieres que me altere. Por el bien de las niñas y el nuestro, espero que te portes bien y que hagas las cosas como hay que hacerlas.

   —Siempre a tu manera, ¿no?— a Patri le salió del alma, pero antes de decirlo ya se había arrepentido.

   Alex se levantó y se encaró. Pellizcó con todas sus fuerzas el antebrazo maltrecho de su pareja produciéndole un dolor insoportable que le hizo saltar las lágrimas.

   —Sí, a mi manera, inútil.

   Patri no pudo por menos que dar un manotazo para que soltara el brazo, lo que provocó la ira de su pareja. Comenzó otra vez a golpear con saña el cuerpo dolorido de Patri mientras le gritaba de nuevo improperios e insultos que ninguna persona merece.

   Pero esta vez se defendió.

   Atendí a Patri cuando me tocaba guardia de violencia contra la mujer. Fue un caso muy particular, ya que la violencia ejercida por su pareja hizo que mi cliente acabara con sus huesos en los calabozos de la comisaría de Usera. Cuando me contó su historia observé que lo hacía con vergüenza, con pena de terminar su singladura con la persona a la que más quería en este mundo, pero tenía que acabar, esa vida no era vida al lado de una pareja que lo único que hacía era vejar, insultar y agredir de la manera más cruel. Incluso me explicó que esa mañana, cuando se defendió, su pareja le amenazó diciendo que haría todo lo posible para que no viera más a sus hijas, que se arrepentiría de lo que había hecho.

   —Lo único que hice fue defenderme por primera vez en mi vida. Quiero demasiado a mi pareja, me casé para ser feliz al lado de la persona que quiero, pero no pude más. Siempre me dejaba atizar, sé que si me defendía, con mi fuerza podría hacerle daño, así que me hacía un ovillo y dejaba que pasara el tiempo, se cansaba pronto, afortunadamente.

   Se dictó una orden de protección contra mi cliente hasta que hubiera sentencia firme, ya que Alex presentó un parte de lesiones que describía eritemas en las muñecas y arañazos en los brazos, fruto de la defensa ejercida por Patri ante los ataques de su pareja, pero Alex no lo explicó así. Mi cliente también presentó un parte de lesiones en el que se describían eritemas, arañazos y contusiones por distintas partes del cuerpo, algunas antiguas, pero tenía las de perder. Al final condenaron a mi mandante a un año de prisión por lesiones a su pareja, y absolvieron a Alex, quedándose además con la guardia y custodia de las niñas, y mi cliente tendría un régimen de visitas muy estricto, fines de semana alternos, como suele ocurrir en estos casos.

   ¿Os parece justa la sentencia?¿Creéis que Patri se merecía que le condenaran y Alex se saliera con la suya?¿Pensáis que es justo que Patri no tenga la custodia de sus hijas y que le impusieran unas visitas tan estrictas?

   Bueno, perdonad. Creo que no os he dicho una cosa y por lo que veo no habéis caído en algo muy importante en esta historia: Patri es el diminutivo de Patricio, y Alex es Alejandra. Patri es el marido y Alex la mujer. Volved a leerlo y sacad vuestras conclusiones.

   Hablando del tema con Velasco en nuestra cantina habitual ante nuestro jugo de cebada, establecimos que la sentencia era tan injusta como tantas otras. Gracias a que el recurso que presenté ante la Audiencia Provincial rectificó la nefasta sentencia del juzgado de lo penal, estableciendo que Patricio actuó en defensa propia y le absolvieron de todos los cargos, y, tras mucho pelearlo, conseguimos la custodia compartida de las niñas.

   —La violencia es violencia en todos los ámbitos— dijo Velasco con espuma en los labios tras un largo trago de cerveza. —Tan ruin es la violencia contra una mujer como la que se ejerce contra un hombre, y a sabiendas de que este no se va a defender.

   —Sí, la verdad es que ha sido un caso difícil, tú lo sabes— añadí. —La ley integral contra la violencia de género está muy bien cuando esa violencia ejercida por parte de un hombre contra su pareja es real, siendo así en la mayoría de los casos. Pero también es cierto que en muchos casos las mujeres aprovechan esta ley para tener a los hombres a raya, ya sean venganzas, rencillas, o como me dicen algunas, «para dar un escarmiento a mi marido». Es una pena.

   —Hombre, gracias a esta ley muchas mujeres tienen una segunda oportunidad para rehacer sus vidas, eso hay que tenerlo en cuenta, y muchas han salvado su integridad gracias a la rápida actuación de la justicia en estos casos: órdenes de protección, sentencias condenatorias, pulseras de posición, no sé, creo que el balance es positivo.

   —¿Tú crees, Velasco? Si un hombre quiere matar a su pareja ningún papel que dicte una orden de protección o pulsera de posición evita que esto suceda. Dime, ¿qué porcentaje de mujeres han muerto a manos de sus parejas habiendo denunciado antes y teniendo una orden de protección? Te lo digo, este año más del setenta por ciento. Muchas, muchísimas.

   —¿Y hombres víctimas de violencia por parte de sus parejas?

   —No tantos pero muchos también. El otro día vi los porcentajes y mujeres asesinadas a manos de sus parejas o ex parejas ya superan las mil desde 2003, y hombres casi cien en el mismo período. No tiene nada que ver una cantidad con otra, pero, como tú dices, cualquier tipo de violencia es execrable.

   —Ya te digo, incluso en mi círculo existe ese tipo de violencia. Hay mucha «maricona mala».

   Mi querido amigo Velasco es gay, aunque no se le nota, tiene que guardar las apariencias, en su profesión no puede divulgarlo a diestro y siniestro. Solo los amigos y compañeros más allegados lo saben a ciencia cierta, aunque muchos ya lo barruntaban. Muchas noches actúa como «drug queen» en el Hemisferio gay, una sala de fiestas muy famosa de la capital, en Chueca. «Ella» es Mary Posón, su nombre artístico, e imita a las más grandes, la Pantoja, la Jurado o la Dúrcal.

   —Por cierto, esta noche tienes actuación ¿no? Me gustaría ir con Dalia a verte y tomar una copa contigo. ¿Por quién actúas hoy?

   —Por mi favorita, Marifé de Triana.

 

 

 

 

     Tormento: Película producida por José Frade P.c.

 

 

 



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