22. LA ZONA MUERTA

            ¿Quién, en algún momento, no ha querido saber lo que le va a deparar el porvenir, o que se cumpla un deseo idealizado en un futuro?¿Quién no ha deseado que el amor hacia la persona amada sea correspondido?¿No hemos anhelado ese amor imposible alguna vez?

            Me llamaron ese día del Colegio de Abogados para preguntarme si deseaba una guardia extra, ya que tenían ocupados a todos los letrados que estaban de guardia ese día. Acepté realizarla, porque, aunque tenía cosas que finiquitar, a nadie le viene mal un dinero extra. Me encaminé a la comisaría donde me habían comunicado, no sin antes darle unas indicaciones a la buena de Matilde para esa mañana.

            Cuando llegué allí, me encontré con que todavía estaban reseñando a mi cliente. Reseñar es tomarle las huellas, fotos, etc., para hacerle la ficha policial. El policía que le iba a tomar declaración me explicó que se trataba de un caso de agresión sexual, pero que el chico no se acordaba de nada. Cuando le trajeron para la declaración, observé que el chaval no era tan chaval. Tenía mi edad más o menos, unos 45 años, muy demacrado, y me dio la impresión de que salía de una borrachera descomunal. Se sentó a mi lado y el agente comenzó explicándole sus derechos y diciéndome que podría decirle que no declarara. Yo estuve de acuerdo y le indiqué que no lo hiciera, que declarara ante el juez. Tomás, que así se llamaba, me comentó que no podía decir nada porque de nada se acordaba. Posteriormente y en mi presencia, le tomaron muestras de saliva y de piel para la prueba del ADN.

            – Explíqueme, ¿qué es lo que recuerda? – le pregunté cuando nos dejaron a solas.

            – De verdad que no me acuerdo de nada. Necesito despejar la mente. Veo imágenes sueltas de lo que pasó, pero nada concreto.

            – ¿Prefiere descansar esta noche y hablamos mañana, en el juzgado? Así veo antes el expediente y le explico.

            – Sí, mejor, a ver si me aclaro, porque ahora mismo no sabría decirle. Prefiero dormir bien, a ver si puedo, porque tengo un dolor de cabeza tremendo.

            Hablaba con la boca pastosa, como si estuviera resacoso, y ni recordaba si había bebido o no.

            Le expliqué el procedimiento a seguir y nos despedimos hasta el día siguiente en el juzgado. Nosotros tendríamos el derecho a ver el expediente en la misma comisaría, y ellos tendrían la obligación de facilitárnoslo, pero por aquella época, la policía no estaba por la labor, por lo que no quise enfrascarme con ellos, ya vería el expediente al día siguiente en el juzgado. Me llamaron para más asistencias, a las que acudí, pero eran delitos menores y pusieron en libertad a todos los que atendí.

            Al día siguiente me personé en la causa en el juzgado y me dejaron ver el extenso expediente. El atestado explicaba que la mañana de autos, a las 10.30, acudió a comisaría  una mujer desorientada explicando que creía ser víctima de una violación, pero que no se acordaba de nada. Sólo recordaba que un compañero de trabajo le había invitado a cenar a su casa. Ella acudió a la cita, pero ya no pudo decir lo que pasó porque no podía rememorar lo ocurrido. Explicaba que despertó por la mañana temprano con un fuerte dolor de cabeza, y se vio desnuda en la cama con Tomás a su lado, también sin ropa, y que notaba molestias en sus partes bajas, por lo que dedujo que había mantenido relaciones sexuales con él, no acordándose si consentidas o no. Al encontrarse en esa situación, se asustó y huyó del lugar, sin que Tomás se despertara, intuyendo que había sido forzada, por lo que decidió acudir a la policía. Una vez allí, y antes de tomarle declaración, una patrulla acompañó a la mujer al hospital para que la valoraran.

            El informe médico del hospital era desalentador. La mujer presentaba lesiones eritematosas tanto en la zona vaginal como en la zona anal, así como restos de semen en el ano. Por otro lado, en la analítica de sangre presentaba restos de flumitrazepan y sildenafil, y en la de orina, además, escopolamina. El flumitrazepan son los “reinoles”, si os acordáis de la película “Resacón en las Vegas”; el sildenafil es viagra, y la escopolamina es la temida “burundanga”, la droga de la violación. Por ese motivo la mujer no se acordaba de casi nada. Todavía no había acudido al juzgado a que la examinara el médico forense, pero éste ratificaría posteriormente el informe médico del hospital.

            Me dejaron hacer copias del expediente y con las mismas fui a ver a mi cliente que ya estaba en calabozos a la espera de la declaración. Le expliqué todo lo que decía el atestado y el informe médico.

            Tomás me miró cariacontecido y me susurró:

            – La he cagado, ¿verdad?

            – Puede ser, pero hay cosas que no entiendo. A ver si se acuerda de algo más y podemos sacar algo en claro. ¿Ha descansado?

            – Sí, algo -. Me comentó todavía ojeroso.

            – Venga, cuénteme lo que recuerde.

            Tomás miró al suelo pensativo, haciendo memoria y comenzó:

            – Tengo problemas para relacionarme con las personas, sobre todo con las mujeres. Si le digo la verdad, no estoy con una chica desde el instituto, y encima terminó mal: no me gustaba mucho y la dejé de mala manera, pero en fin, éramos unos críos, no le voy a contar más.

            >>A lo que voy: Laura es una compañera de trabajo que me gusta mucho, pero no sé cómo decírselo. Así llevo dos años. Nos llevamos muy bien, pero ella me dice siempre que soy un buen amigo, y eso, a mí, me hunde. Yo quiero ser algo más, pero no me atrevo a dar el paso para dejárselo claro. Si la viera, tan guapa, tan dulce, tan amable conmigo; creo que me da pistas pero no sé descifrarlas.

            >> Todo esto lo llevaba en secreto, hasta que no pude más y se lo conté a mi mejor amigo. Éste me dijo que conocía una vidente, o una médium, no sé, una bruja, en definitiva, que me podría ayudar. Me facilitó una tarjeta que tenía de ella “Malzorgata, vidente”, y concerté una cita dando mi nombre. Cuando llegué al local, esperé unos cinco minutos y pasé a una habitación que estaba en penumbra. Al otro lado de una mesa estaba la vidente vestida con una túnica larga. Estuve a punto de irme pensando que era una tontería, pero me quedé. Me hizo sentar y me miró de forma extraña, supuse que era mirada de bruja y que me estaba estudiando o algo así. Le expliqué mi pequeño problema y se mantuvo en silencio un rato, hasta que me expuso que tenía la solución. Me iba a preparar un filtro de amor para que Laura se enamorara perdidamente de mí. Me lo prepararía para el día siguiente, y yo me fui, previo pago de 300 euros por la consulta y la poción. Cuando volví a recoger el brebaje, me dio dos frasquitos. Me explicó que uno se lo tenía que echar en la bebida, y el otro me lo tendría que tomar yo, para que hiciera efecto, y me aseguraba que en el mismo momento en que nos lo tomáramos la pócima empezaría a funcionar, y que no tuviera miedo, que ella accedería a todo lo que yo quisiera. Me despedí y me fui.

            Yo intuí que la poción que tomó mi cliente es lo que le hizo también perder la memoria de lo que ocurrió. Él continuó:

            – Entonces me armé de valor, y con la excusa de querer hablar con ella sobre un asunto de trabajo que teníamos entre manos, invité a Laura a mi casa a cenar y, para mi sorpresa, accedió. Una vez en mi casa, estuvimos hablando de temas de trabajo y empezamos a tomar la frugal cena que preparé. Vertí los frasquitos de la poción en el “Ribera” que tomamos, sin que me viera, por supuesto, y desde ahí, no me acuerdo de más. Posiblemente hice alguna bestialidad de la que me arrepentiré toda la vida, pero no logro recordarlo, y yo sé que es del maldito brebaje que tomamos.

            – Bien, vistas las circunstancias pediré ahora mismo que le hagan una analítica para ver si tiene sustancias extrañas en la sangre, y también solicitaré que testifique la vidente, porque, según lo que me ha contado, sospecho que le ha hecho la trece catorce.

            – Pero, ¿qué intención podría tener? – me preguntó Tomás.

            – No lo sé – contesté -, puede que sean productos que habitualmente usa en sus pociones, o por el contrario, usted y Laura han sido sus víctimas por algún motivo que desconocemos. Lo que está claro es que son sustancias ilegales, y solo por eso podría incurrir en algún delito.

            Laura llegó al poco tiempo, acompañada de una abogada que ejercería la acusación particular. La examinó el médico forense y éste hizo un informe ratificando lo mismo que el informe del hospital, explicando además los efectos de las drogas que la habían administrado, como amnesia puntual y sumisión química. Cuando la tomaron declaración ante el juez, ratificó y explicó lo mismo que en comisaría, diciendo que no se acordaba del momento de la supuesta violación, que cree que perdió el conocimiento cuando tomó el vino.

            Al rato tomaron declaración a mi cliente, manifestando lo que me contó a mí en calabozos. Entonces yo pedí que se practicara una prueba que sería un examen toxicológico de Tomás, con carácter inmediato debido a que esas sustancias, sobre todo la escopolamina, se mantienen poco tiempo en el organismo, así como la declaración de la vidente Malzorgata, aportando simplemente la dirección de su consulta. El fiscal y la compañera de la parte contraria no se opusieron y llevaron a mi cliente inmediatamente al centro médico para que le hicieran dicha analítica con carácter urgente.

            Y allí estuvimos esperando. Estuve hablando con la compañera y me comentó que, dependiendo del resultado de la analítica, solicitaría prisión provisional si es negativa, o una orden de alejamiento si es positiva, porque su cliente está en estado de shock después de lo ocurrido. Lo entendí pero yo tenía que oponerme a ambas solicitudes. Ya se vería.

            Transcurridas más de dos horas desde que se llevaron a mi cliente, la verdad es que fue rápido y ya teníamos la analítica, que resultó ser positiva en sildenafil (viagra) y flumitrazepan (reinoles). El juez, vistas las circunstancias, concedió la orden de alejamiento por lo que pudiera pasar. El problema es que trabajaban juntos, por lo que mi cliente tuvo que solicitar en su empresa un cambio de centro de trabajo, que le concedieron sin problema.

            Al cabo de unos días, me notificaron una providencia por la que Malzorgata estaba en paradero desconocido y no pudieron notificarle la orden para acudir a declarar al juzgado, por lo que la pondrían en busca y captura. Yo no podía esperar tanto tiempo, así que me puse en contacto con mi amigo Velasco para que hiciera algunas averiguaciones.

            – Sí, alguna vez he ido a que me echaran las cartas. No me sirvió de nada, pero lo hice por curiosidad – me dijo la buena de Matilde.

            – Así que tiraste el dinero. No entiendo cómo creéis esas patrañas, la verdad. Son unas estafadoras que viven de engañar a la gente – contesté.

            Estábamos hablando Matilde, Belén y yo en un momento del café.

            – Yo comprendo – continuó Belén -, que en algún momento de horas bajas necesites consuelo y acudas a este tipo de personas. Gente que tiene enfermedades incurables, o gente desesperada es legítimo que acuda a curanderos o supuestos magos que supuestamente te van a curar, aunque solo sea sugestión.

            – Ya, pero yo prohibiría a esta gente que campara a sus anchas, porque lo único que hacen es engañar y timar a personas ingenuas que se creen todas sus mentiras – comenté un poco alterado.

            En ese momento recibí la llamada de Velasco.

            – Dispara, Velasco.

            – Tengo algo interesante, Juan Antonio. Esta mujer, en realidad se llama Yolanda Gutiérrez Sikorski, cuarenta y tres años, hija de padre español y madre polaca. Tiene antecedentes por estafa y posesión de drogas. Cambia habitualmente de domicilio para que no la pillen, pero tengo su domicilio actual, así que ya he llamado a los compañeros para que la detengan y la lleven ante la autoridad judicial, así que, como muy tarde mañana, te llamarán del juzgado para la declaración.

            Le di las gracias e inmediatamente llamé a mi cliente y le expliqué la situación.

            – El caso es que me suena el nombre, sobre todo su segundo apellido… – me dijo Tomás pensativo. – ¡Coño, ya sé quién es! El caso es que cuando llegué a su consulta también me sonaba su cara, pero no la conocí, había engordado bastante y estaba muy cambiada.

            Tomás me explicó quién era y los motivos que pudo tener para meterle en este lío. Ahora había que desenmarañarlo y seguir los pasos adecuados para darle al juez la visión de lo que realmente pasó junto con la motivación. Al la mañana siguiente me llamaron del juzgado y me emplazaron en una hora para asistir a la declaración de Malzorgata. Llamé a Tomás y le dije que acudiera al juzgado con la documentación que le indiqué que llevara junto con los frasquitos de las pócimas, aunque no eran prueba concluyente, ya que me podían alegar que Tomás pudo haberlos utilizado para llenarlos de dichas drogas, pero quería poner nerviosa a la bruja. Una vez allí, vi sentada a una mujer regordeta que estaba esperando en las sillas que hay en el pasillo, esperando a que la llamaran, acompañada de su abogado de oficio. Mi cliente cruzó su mirada con ella para afianzarse en que era ella, y efectivamente, no le cupo duda.

            Pasamos la declaración de Malzorgata, que en realidad se llamaba Yolanda. Estábamos la oficial, el juez, el fiscal, la letrada de Laura, el letrado de la vidente y yo.

            Le preguntaron si Tomás acudió a su consulta, a lo que contestó que sí, si le había facilitado la poción con las sustancias psicotrópicas, a lo que respondió:

            – Yo hago pociones a base de plantas y flores. Esas sustancias no las utilizo, no me dedico a drogar a la gente, como comprenderá. Me gano la vida con esto y mis clientes son sagrados. Si luego él utilizó drogas, eso no lo sé, pero mis pociones son inofensivas.

            Cuando me tocó preguntar a mí, me acomodé en la silla y comencé:

            – Bien, Yolanda. ¿Conoce usted a Tomás?

            – Sí, fue el otro día a mi consulta para ayudarle con un mal de amores – me contestó.

            – Me refiero a si le conocía de antes.

            Cambió el peso de su cuerpo en la incómoda silla en la que estaba sentada y me dijo que no, que era la primera vez que le veía. Entonces saqué la orla de un instituto que me facilitó Tomás y le pregunté señalando una foto con el nombre debajo:

            – ¿Me quiere decir si usted es esta persona?

            Yolanda se puso nerviosa, miró la foto y asintió.

            – ¿Y me quiere decir si sabe quién es esta otra persona? – le pregunté señalando otra foto.

            – Es Tomás – dijo muy bajito y con la cabeza gacha.

            – Conteste más alto, no la hemos oído – le conminó el juez.

            – ¡Tomás!, ¡Sí, es Tomás! Éramos compañeros en el instituto, pero eso no quiere decir nada, yo no le facilité esa droga, pudo ser él.

            – ¿Y no es verdad que fueron pareja en el instituto? – continué.

            – No es verdad.

            – ¿Es cierto que Tomás dejó la relación y usted lo llevó muy mal?

            – Le he dicho que no es verdad, ¿vale? – contestó enfadada.

            – Bien – continué -, ¿no es más cierto que éstos son los frasquitos que contenían las pociones?, podría pedir un análisis de lo que queda en el contenido.

            – Hágalo, yo no lo hice, eso no prueba nada.

            Entonces el juez le dijo con aire autoritario.

            – Es verdad, no prueba nada. Pero sí probaría si encontramos esas sustancias en su casa. ¿Quiere que efectuemos un registro en su domicilio para averiguarlo? Si declara la verdad podría ser beneficioso para usted, se podría rebajar la pena, pero tiene que decirnos lo que ocurrió.

            Entonces su abogado pidió poder hablar unos minutos con Malzorgata sobre el asunto. Pasaron a una sala y estuvieron un rato hasta que salieron y la vidente dijo que quería confesar. Se veía acorralada. Habíamos probado que se conocían desde jovencitos y Tomás y algunos compañeros de entonces podrían corroborar que salieron juntos, y eso lo sabía.

            Al final la condenaron por ser inductora de un delito de abuso sexual a un año de prisión, ya con la rebaja de la pena por confesar. Tomás era un mero instrumento para cometer ese delito, ya que Malzorgata le dio esa poción a sabiendas de lo que podría ocurrir. A Tomás le absolvieron por la eximente de estar bajo la influencia de sustancias psicotrópicas y no ser consciente de lo que hacía. Así lo determinaron los informes médico forenses que les practicaron a ambos. Pero aún así, se mantuvo alejado de Laura porque la situación era tensa entre ellos.

            ¿Qué es lo que pasó? Pues fue una venganza. Malzorgata no pudo soportar que Tomás la dejara en el instituto, y esa situación fue envenenando su mente. Cuando se encontró por casualidad con él al cabo del tiempo, vio la oportunidad de resarcirse, y le tendió una trampa. Ella tenía acceso a ese tipo de sustancias y sabía cómo funcionaban.

            Estas personas se aprovechan de la credulidad y el sufrimiento de la gente. Para mí son timadores sin escrúpulos que no dudan en engañar a los ingenuos que llegan, en algunas ocasiones, a pagar un dineral por unos servicios imaginarios que lo único que hacen es enriquecer al mangante. Cuidaos de estos estafadores porque no dudarán en ver vuestro punto débil para sacaros hasta el último céntimo, en eso sí son unos artistas.

 

 

 

“La zona muerta”: Película basada en un libro de Stephen King y distribuida por Paramount Pictures.

 

 



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