38. VERY BAD THINGS (I)

                 “Un hermano puede no ser un amigo, pero un amigo será siempre un hermano” – Demetrio de Falero.

            “Un amigo es aquel que te conoce como eres, entiende dónde has estado, acepta en lo que te has convertido y, sin embargo, gentilmente te permite crecer” – William Shakespeare.

            “Valoro al amigo que encuentra tiempo para mí en su calendario, pero valoro aún más al que no consulta su calendario por mí” – Robert Brault.

 

        Recuerdo los tiempos de la adolescencia, allá por los ochenta, en que nos acercábamos los sábados a la fuente de colores a “pillar” unos litros y nos los tomábamos acompañados de unas bolsas de patatas que comprábamos en unos frutos secos, “La barata” recuerdo que la llamábamos. Recuerdos añejos que rememoramos mis amigos y yo cada vez que nos juntamos y florece la nostalgia de tiempos pasados que ninguno repetiríamos, pero que recordábamos con cariño. Después de lo ocurrido nunca fuimos los mismos, teníamos la espina clavada de los terribles sucesos acaecidos en aquella época, y que ya contaré en otra ocasión.   

            Velasco es una fuente inagotable de relatos, cada vez que quedamos me cuenta alguno de los casos insólitos de los muchos que resolvió y la verdad, es que engancha con su voz grave y seductora, con la hipnótica y justa cadencia que hace que no puedas dejar de escucharlo.

            Esa tarde de octubre estábamos charlando en la terraza de un céntrico bar del que éramos asiduos. Habíamos terminado nuestra jornada y nos apetecía estar juntos un ratito antes de volver a nuestra casa. Estábamos recordando cómo nos reprendían los adultos que pasaban por allí cuando íbamos a beber nuestras “litronas” al parque cuando éramos prácticamente niños, pero no les hacíamos mucho caso. Para los adolescentes, los mayores no tienen ni idea.

            – Eso me recuerda a un caso que tuve no hace mucho. – Empezó a contar un curioso suceso que evocaba las novelas de Agatha Christie.

            Resulta que un grupo de jóvenes, amigos de la infancia de una ciudad de provincias, unos, estudiando, otros, trabajando, pero cada uno por su lado, convinieron para verse, por lo menos una vez al año, en coger una casa rural para quedar todos juntos. Siempre se encargaba el mismo de alquilar la vivienda, cada vez en un sitio distinto. Esta vez la consiguieron a las afueras de un pueblo de la sierra de Madrid. Iban solos, sin que sus padres, novias o familiares supieran dónde. Era su fin de semana. Se dedicaban a hacer el bruto, gastar bromas pesadas y beber sin conocimiento hasta quedar inconscientes. Hacían juegos salvajes, agrediendo al que se dormía de una manera cruel, o quemándole sus partes con alcohol de quemar, y otras bestialidades más, así que intentaban mantenerse despiertos en la medida que podían, hasta que la mezcla alcohol y cocaína hacía mella y terminaban todos tirados en el suelo, borrachos perdidos. Más de una vez tuvieron que llamar a emergencias por comas etílicos, heridas y quemaduras, y a punto estuvo de pasar algo grave, pero se arriesgaban y al año siguiente ni se acordaban de lo ocurrido el año anterior y repetían la peligrosa velada.

            Cuando los seis amigos entraron en la enorme casa rural, se frotaron las manos pensando en lo que iba a ocurrir. Esa noche iba a ser épica. Vieron el partido que retransmitían en la tele, la selección en el mundial es sagrada, y mientras, se tomaron las pizzas y comenzaron por las cervezas. Ese era el último recuerdo que tenían al día siguiente. Se acordaban de episodios puntuales de lo ocurrido aquella noche, pero nada relevante. Cuando se despertaron tenían una resaca de campeonato, y el primero que lo hizo fue despertando a los demás, pero Álex no despertaba. Tras varios minutos intentando reanimarlo, no lo lograron. Decidieron llamar al 112 y la ambulancia tardó unos treinta minutos debido a lo apartado del pueblo. Los chicos explicaron a los asistentes sanitarios que habían bebido mucho y que seguramente fuera un coma etílico, no era la primera vez. Lo llevaron al hospital más cercano, y Álex ingresó en la Unidad de Cuidados Intensivos.

            Algo descubrió el médico que lo atendió en urgencias que no dudó en llamar a la policía para que se presentara un inspector, y éste no fue otro que mi amigo Velasco. Los amigos de Alex, que habían pasado ya por esto, se lamentaban y se prometían a sí mismos que sería la última vez que se pasaban tanto, y entre tantas lamentaciones no se dieron cuenta de la irrupción del agente en la U.C.I.

            Tras las presentaciones, el facultativo explicó la situación a Velasco:

            – El muchacho entró con un cuadro que suponíamos era un coma etílico. Le administramos suero para paliar la deshidratación que sufría junto con un complejo multivitamínico que se administra en estos casos. Pero no respondía al tratamiento, por lo que le hicimos más pruebas y descubrimos unos síntomas un tanto atípicos que no correspondían con lo que nos manifestaron sus amigos. Álex sufre lo que llamamos una embolia gaseosa, cuyos síntomas, en un principio, son parecidos a los del coma etílico, pero con variaciones. La embolia gaseosa se produce cuando entran burbujas de gas o aire en las arterias o en las venas, y puede producir la muerte. Es bastante típico en los buceadores, ya que el cambio de presión puede ser muy brusco, pero hemos preguntado a los chicos y no han buceado ni han volado en avión, por lo que…

            – Alguien le ha inyectado el aire – continúo aseverando Velasco.

            – Sí, eso sospechamos – contestó el médico. – Acompáñeme, por favor.

            Velasco siguió al doctor enfundándose antes unos patucos y un gorro de plástico, junto con una bata, era el protocolo de entrada a la U.C.I. Anduvieron por un laberinto de pasillos y boxes hasta que llegaron a la cama donde se encontraba postrado Álex. Al llegar y observar al muchacho lleno de cables, máscara de oxígeno y aparatos varios que Velasco no supo reconocer, tuvo la sensación de ver la fragilidad de la víctima a pesar de su corpulencia, se notaban en su cuerpo las horas de gimnasio que moldeaba sus músculos como un cincel, pero de poco le servían en ese estado casi vegetativo.

            El doctor le invitó a que se pusiera a su lado para enseñarle la flexura del codo derecho de Álex. Le señaló lo que parecía una pequeña incisión en el brazo derecho producido por una aguja, rodeada por un hematoma incipiente.

            – Esto me hizo saltar la alarma – continuó el médico -. He hablado con los sanitarios que lo atendieron en un primer momento y me aseguraron que la vía intravenosa se la colocaron a la primera en el brazo izquierdo, y no ha sido cambiado ni manipulado. Sospecho que alguien le inoculó el aire con una jeringuilla; y no solo eso, alguien con ciertos conocimientos y sobrio para realizarlo a la primera, porque es el único pinchazo que vemos, es muy difícil que un chaval en estado de embriaguez tan absoluta como supuestamente estaban todos, pudiera hacer esto.

            Continuó explicando a Velasco que para que se produzca este tipo de embolia se necesitan mínimo 50 ml de aire, ya que el organismo a partir de esa cantidad no puede soportar tanto nitrógeno en sangre.

            – Sospecho que la jeringa que han usado para cometer el supuesto crimen es de grandes dimensiones, por lo menos de 100 ml, ya que sólo hemos encontrado un pinchazo, y con la envergadura del chico haría falta esa cantidad de aire, y ha tenido suerte.

            – ¿Por qué?

            – Porque se lo han introducido a través de una vena, si lo hubieran hecho a través de una arteria, la burbuja hubiera ido directa al corazón, y podríamos estar charlando en la morgue en vez de la U.C.I., pero se lo han inoculado a través de una vena, y dicha burbuja ha ido al pulmón, que es donde está alojada ahora mismo. Soy optimista y creo que salvaremos al muchacho, pero no puedo asegurar que el cerebro no tenga secuelas, las próximas 24 horas son críticas, y depende de su evolución. Lo que barrunto es que alguno de los amigos no bebió alcohol anoche.

            – O viniera alguien de fuera. Quiero hacerle una pregunta doctor. Si hacemos un análisis de sangre o de orina a los amigos, ¿podríamos determinar quién ha bebido alcohol y quién no?

            – Es posible, pero ya han pasado unas cuantas horas, depende del metabolismo de cada uno, pero puede no ser determinante. Con la cantidad que supuestamente han bebido, el organismo tardaría unas 15 horas en eliminarlo, pero ya le digo, depende de cada uno.

            Velasco quedó con el doctor en que hablaría con los chicos para que se hicieran los análisis inmediatamente. Salió del lugar y se dirigió a los amigos de Alex. Se presentó y los muchachos se extrañaron de que estuviera la policía pendiente de lo ocurrido. Creían que fue un simple coma etílico. Les preguntó si recordaban que alguien externo acudiera a la casa rural. Los muchachos lo negaron, aunque no recordaban prácticamente nada. Le reconocieron que bebieron mucho, más de una botella de licor cada uno, más las cervezas anteriores, y alguna que otra raya de coca.

            – Vuestro amigo ha tenido una intoxicación por bebida adulterada que estamos investigando – mintió el agente -, así que sería conveniente que os hagáis inmediatamente unos análisis para descartar que vosotros tengáis en el organismo restos de dicha sustancia.

            Los chicos accedieron y mientras esperaban, Velasco les hizo unas cuantas preguntas: edades, a qué se dedicaban, relación entre ellos, etc, todo de una manera distendida para que no sospecharan del motivo real de dicha conversación. Mi amigo quería la mayor cantidad de información posible para investigar cualquier resquicio que pudiera ayudarle. Los análisis no eran concluyentes: unos tenían restos de alcohol y otros no. Según pudo recopilar de los chicos, Cipri era estudiante de derecho, carrera que se costeaba mientras trabajaba en la hostelería. Berni estaba realizando el proyecto de veterinaria mientras hacía las prácticas con su padre, también veterinario, en una granja de ganado vacuno. Tuvo que regresar de EE.UU., donde cursaba el último año de carrera, por una desgracia familiar; Edu estaba trabajando en la piscina municipal de su ciudad como socorrista, mientras intentaba sacarse una oposición para profesor de educación física, era huérfano de madre y el pequeño de cuatro hermanos y el único que ha estudiado, sufragando la carrera entre su padre y el resto de los hermanos: esperaba en un futuro cercano poder devolverles con creces todo lo que habían hecho por él; Fede, el informático experto en sustancias poco legales. Tenía apariencia psicopática y a Velasco le dio mala espina desde el principio: era frío, calculador y del tipo de persona que podría hacer “cosas muy malas”; y por último, Dani, el estudiante de medicina y, por lo tanto, el candidato principal a sospechoso número uno por sus conocimientos en la materia. Coincidían en una cosa: todos perdieron el conocimiento debido a la bebida y ninguno vio nada sospechoso. Velasco no informaría a los chicos de la verdad hasta que los acontecimientos dieran algo de luz al caso.

            Pintaba complicado, cinco sospechosos y ninguna pista. Pedir pruebas de ADN no tenía sentido si no se encontraba la supuesta jeringuilla, y visto lo acontecido, aunque apareciera, el supuesto autor se habría cuidado muy mucho de no dejar rastro en aquel mortal objeto.

            Al día siguiente el doctor llamó a Velasco para comunicarle la buena noticia de que Álex había despertado. Se personó en el hospital inmediatamente. Había subido a planta y se encontró en la habitación con los padres del chico, su hermano pequeño Julián, y Dani, el estudiante de medicina que se había acercado con ellos para preocuparse por su amigo. El inspector se presentó y preguntó educadamente cómo se encontraba. Álex todavía estaba aturdido por el revés sufrido, así que pidió a los primogénitos salir fuera para hablar con ellos sobre algunos puntos que no estaban claros.

            – Son unos animales – comenzó el padre -. Sabíamos que tarde o temprano ocurriría una desgracia, pero esta vez se han pasado de castaño oscuro.

            – No se alarmen – les advirtió Velasco -, pero tenemos serias sospechas de que no ha sido un coma etílico como en veces anteriores.

            Los padres se sorprendieron del relato de Velasco, que les contó sus conjeturas y les pidió discreción para no levantar sospechas entre los compañeros de su hijo. Les pidió que le contaran si intuían que Álex tuviera algún enemigo dentro de su círculo de amigos, que le relataran cualquier cosa por mínima que fuera, su opinión sobre sus amistades…

            – Todos se conocen desde pequeños, no tenemos ninguna sospecha de ninguno. Quizá Federico sea un poco raro, nunca me ha gustado ese chico, tiene una mirada extraña, pero ya le digo, se conocen de toda la vida y dudo mucho que pudiera hacer algo. Quizá haya pasado algo entre alguno de ellos, pero lo desconocemos, nuestro hijo no nos cuenta mucho.

            – Lo cierto es que últimamente veíamos poco a nuestro hijo – continuó la madre -. Desde que se independizó y se fue Madrid a trabajar y a vivir, podíamos pasar semanas sin verle. Hablábamos por teléfono todos los días, eso sí, y le notaba cansado, sin ganas de hablar, trabajaba mucho. Hablaba más con su hermano, quizá él sepa algo más.

            Velasco les dio las gracias y entraron en la habitación. Pidió a los presentes dejarle a solas con Álex. Le preguntó sobre lo ocurrido aquella noche, pero el chico estaba aturdido y no se acordaba de nada.

            – Lo único que puedo decirle es que mis amigos son incapaces de hacerme algo malo, eso se lo garantizo, así que le pediría que no indagara más sobre el tema porque no hay nada que investigar.

            La rotundidad de Álex dejó un poco perplejo a Velasco. Sabía que nada iba a sacarle, y sabía también que algo ocultaba, pero era su decisión no hablar sobre el tema y la respetó. Al fin y al cabo él era la supuesta víctima y no estaba dispuesto a colaborar.

            Cuando salió de la habitación se dirigió al hermano de Álex, y éste accedió amablemente a charlar con él. Se situaron en una salita que les habilitó el facultativo que atendía al enfermo, se sentaron y comenzó el diálogo.

            – En realidad yo tampoco sé nada de lo que ocurrió. Conozco a mi hermano y sé que pasó algo extraño que no me quiere decir a mí tampoco, pero no puedo hacer nada por él. No puedo ayudarle si él no se deja, ¿verdad?

            – Sí, pero sospecho que tú sabes algo más que tus padres desconocen. Ellos me han dicho que él te cuenta todo y sois uña y carne, por lo que entiendo que conoces muy bien a sus amigos y podrías ayudarme en cuanto a sus relaciones entre ellos.

            – Todos se conocen desde el colegio. Sí hay cosas que mis padres no saben y no queremos que sepan para no preocuparles. Sé que Cipri, el que trabaja en la pizzería le pidió un préstamo a mi hermano para poder pagar la matrícula de la universidad, pero Álex se negó, no por nada, sino que en ese momento se independizó y no tenía para dejarle esa cantidad. A Cipri no le sentó muy bien, pero ahí se quedó. Fede, aunque parezca un poco raro, en el fondo es un buen tío. Es poco hablador pero con mi hermano se lleva muy bien, y dudo de que pudiera hacerle algún mal. De Dani tampoco dudo, que yo sepa no han tenido ningún problema, igual que con Edu, es que no puedo decirle más.

            – ¿Y Bernardo?¿Qué me puedes decir de él?

 

 

 

 

“Very bad things”: Película producida por Interscope Communications.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



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