50. La red (II)

«Lo que se hace a los niños, ellos harán a la sociedad». Karl A. Menninger (1893-1990), psiquiatra estadounidense.

 

«Lo que los pederastas pierden de vista a un grado devastador, es que sus víctimas son personas que sufrirán por siempre de los abusos perpetrados en ellos». Jock Sturges, fotógrafo estadounidense.

 

«Tiernos niñitos, yo os amo tanto;    

 Os amo tanto, que vuestra madre    

Creería que intentaba haceros daño.». 

Luis Cernuda: «El mirlo, la gaviota», en Los placeres prohibidos, 1931.

 

 

M.A.P. Belén se quedó blanca, no podía imaginar que existiera una organización que defendiera esas cosas tan horribles. Le entraron ganas de llorar, pero no lo hizo porque mi pregunta a Velasco le mantuvo alerta.

—¿No tendrá algo que ver con lo que nos pasó entonces?—Facundo le contó a su mujer lo que nos ocurrió cuando éramos adolescentes, pero no todos los detalles, eran demasiado escabrosos para recordarlos.

—Sí, provienen de la misma organización, pero más tecnológica. Entonces no existía internet, ni las redes, ni las aplicaciones informáticas. Eran más cerradas y secretas. Antiguamente se hacía llamar N.A.M.B.L.A., originaria de Estados Unidos, y se difundió por todo el mundo, incluso llegaron a las Naciones Unidas a defender sus asquerosos derechos. Esta organización se disolvió pero se fragmentó en varias, una de ellas es el M.A.P. Lo que me extraña es que el chico pertenezca a esta organización, es demasiado joven. Los integrantes suelen ser mayores. Es, cómo decirlo, un club muy exclusivo donde no todo el mundo puede entrar. Los compañeros que están investigando están al tanto de ello, no os preocupéis, son muy buenos y todo saldrá a la luz, aunque ya os hayan dado traslado de las actuaciones, la investigación sigue su curso. De todas maneras estudiad atentamente las imágenes, sé que va a ser duro, pero quizá os dé algo de luz. E intentad hablar con el chico a solas, por lo que me habéis contado, algo esconde, o a alguien.

 Nos despedimos de Velasco y quedamos mirándonos, dispuestos a ver lo inevitable. Belén introdujo el disco en el cajetín de la torre del ordenador y aparecieron varios archivos ordenados por fechas. Dimos click al primero y fue la bajada a los infiernos. No puedo describir lo que vimos, fue demasiado perturbador para contarlo: había casos de violaciones a niños y niñas casi recién nacidos, zoofilia con niños muy pequeños, escenas de sexo extremo e incluso snaff movies muy violentas y aterradoras. Belén estaba hipnotizada, no podía dejar de ver esas imágenes tan cruentas, hasta que vomitó en la papelera que tenía al lado. Nos dimos un descanso, no hablamos, no nos miramos, no respiramos. Mi compañera estaba en shock, se le había ido la pinza durante un momento. Estuvimos así unos minutos.

 —Mira, Juanan —me dijo repentinamente, a la vez que pulsaba el botón del ratón en uno de los videos. Se reprodujo una película que duraba unos cinco minutos, donde se veía a un niño desnudo de unos seis años haciéndole una felación a un viejo verde y baboso. El niño no podía casi respirar, y cuando estaba a punto de ahogarse, el asqueroso le dejaba descansar unos segundos para luego volver a agarrarle del pelo y obligarle a repetir de nuevo. Había movimientos de cámara que intentaban grabar primeros planos del niño, sinónimo de que alguien la estaba manejando.

—Fíjate en el niño —me señaló con el dedo en la imagen congelada.

Miré a mi compañera y le hice el gesto de que me explicara, no entendía qué me quería decir.

Belén estalló, no pudo más. Se tapó la cara con las manos y lloró desconsoladamente desprendiéndose de la carbonilla acumulada mientras observábamos esa barbarie. La abracé y nos preguntamos qué había pasado con este mundo, cómo puede haber personas tan enfermas, tanto depravado, tanto psicópata. Sabíamos que estas cosas existían, pero verlo de primera mano casi nos hizo enloquecer, como antaño, como en septiembre del 87, no volvimos a ser los mismos. Me explicó lo que vio en esa imagen.

—Tengo que hablar con él, a solas.

 Mientras Belén observaba con la mirada perdida cómo salían los chicos del instituto, sentada en el coche frente al mismo, pensaba que ya tenía una edad para tener hijos, pero, traerlos a este mundo caótico y cruel era algo que la angustiaba, no se podría perdonar que sus hijos vinieran a la existencia a sufrir, a ser manejados por cerdos egoístas y enfermos que les usarían para su propio disfrute. Se encontraba en esas escabrosas cavilaciones cuando vio a Berto asomar por la puerta, cuando ya habían salido todos. Salió del coche y se dirigió a él.

—Pero, ¿qué hace? — le dijo Berto nervioso.

—Sólo quiero hablar contigo a solas, sin la presencia de tu padrastro, porque es tu padrastro, ¿verdad?

 Berto miró de un lado a otro, asustado, y siguió andando negando con la cabeza gacha. Belén se puso delante de él con firmeza.

—Berto, sé que me ocultas algo y que necesitas ayuda. He visto las imágenes, y una en concreto me dice que eres inocente. El sufrimiento puede acabar, pero debes contármelo.

El chico apoyó la espalda en la pared y comenzó a sollozar. Belén le dejó unos minutos en su desahogo mientras ella le acariciaba el pelo. Berto por fin accedió a contarle todo, pero su padrastro le estaba esperando para comer y le tenía pánico.

—No te preocupes, todo acabó— le tranquilizó mi compañera.

Fueron al despacho, pidieron unas pizzas para que el joven se distendiera y se sintiera a gusto. Belén quería crear un clima de serenidad y buen rollo para que el chico estuviera lo más cómodo posible. Y hablaron, hablaron mucho, muchísimo. El relato de Berto confirmó las sospechas de mi compañera y resultó ser una película de terror incontable que difícilmente podría olvidar. Detuvieron a Eusebio, le imputaron por varios delitos de corrupción de menores y terminó con sus huesos en la cárcel. Le condenaron a varios años de prisión por acumulación de delitos de este tipo, vistas las investigaciones donde se descubrió que él aparecía en varias imágenes y videos, así como su dedicación a difundir y recibir dichas imágenes. También se descubrió que pertenecía al M.A.P y  le condenaron también por pertenencia a asociación ilícita, era un suma y sigue, por lo que pasaría buena parte de lo que le quedaba de vida en la sombra. Ya iban detrás de él, pero cuando estaban a punto de cazarle, cambiaba su identidad en las redes, sabía cómo despistar a los investigadores, era un experto.

Berto salió absuelto de todos los cargos, era una víctima desde el principio, desde que murió su madre cuando tenía cuatro años. Su amargura dio paso al miedo. Su nuevo padre se hizo cargo de él. Vinieron de Barcelona para cambiar de aires, eso le decía su padre. Y cambiaron, ¡vaya si cambiaron!, de tener una niñez feliz con su madre a soportar situaciones que un niño nunca podría haber ni soñado en sus peores pesadillas. Al poco de venir a Madrid, Eusebio comenzó a meterse en su camita casi todas las noches, decía que para calentarse mutuamente del frío que hacía en el piso. Comenzaron los tocamientos, los besos, hasta llegar a la penetración. Le decía que debía acostumbrarse porque era un acto de cariño, y que los papas hacían eso con sus hijos porque les querían. La mente de un niño es maleable, y lo llegó a asumir como una rutina. Con el tiempo incluso el niño llegó a buscar ese contacto con su padrastro. Eusebio le dijo que ya estaba preparado. Comenzaron a venir visitas y el niño comenzó a desplegar todas sus habilidades con los extraños mientras el padrastro grababa y hacía fotos para pasarlas a sus amigos pedófilos de la asociación o venderlas por una suculenta suma. Berto se convirtió en un objeto sexual de usar y tirar. Las barbaridades que ese niño tuvo que soportar era algo inconcebible para una mente infantil e inocente. Berto creció en ese ambiente sin decir nada a nadie, ya le había instruido su padre. Su vida era un ir y venir de desconocidos que disponían de él a su antojo, nunca llegó a acostumbrarse pero lo tenía asumido. Su mente y su cuerpo estaban en piloto automático, en stand by, esperando al siguiente. En un día podía tener hasta cinco sesiones. Lo extraño es que ese niño no sucumbiera a la locura. Cuando ya era adolescente, la policía estuvo a punto de descubrir a Eusebio, pero éste tuvo una brillante idea: obligó a su hijastro a recibir en su lugar todos los archivos en su móvil y ordenador, le enseñó cómo hacerlo, así, si la policía le descubría, Berto sería el cabeza de turco, y al ser menor, seguramente la pena impuesta sería mínima. Berto estaba anulado mentalmente, era un ser insulso que accedería a todo lo que su padrastro le obligara a hacer. Pero Belén descubrió en una de las grabaciones que Berto participaba activamente en uno de los videos, y lo descubrió gracias al nevus melanocítico que el chico tenía en el cuello, la mancha en la piel que Berto tapaba con su pelo largo. Los policías que le requisaron el ordenador y el móvil no se habían fijado en esa mancha, el joven se cuidaba muy mucho de no enseñarla. Eusebio, ese monstruo asqueroso que arruinó la vida del chico, no mostró ningún tipo de arrepentimiento, al contrario, parecía orgulloso de pertenecer a esa asociación tan elitista.

Berto volvió a Barcelona y se hizo cargo de él una tía con la que habían perdido el contacto desde la muerte de su madre. Belén habló varias veces con él. Supo que le iba bien a pesar de las circunstancias, pero una mente atormentada necesitaría mucha ayuda. Velasco nos comentó que habían detenido a muchos integrantes de la asociación pedófila, pero era muy difícil desarticularla, ya que estaba formada por incontables tentáculos que se extendían por varios países, en muchos de los cuales los derechos de la infancia se quedaban en papel mojado, pero los cuerpos de seguridad continuarían con su excelente y esencial labor.

Por cierto, no he contado todo lo que vimos en las imágenes, es algo que me guardo para mí. Es demasiado espantoso como para airearlo y podría remover estómagos y conciencias, pero os digo que el mundo no es tan maravilloso como parece, muchos estamos metidos en una urna de cristal y no nos damos cuenta, o no queremos saber nada del exterior. La pornografía infantil, la prostitución, la trata de blancas existen porque hay clientela que demanda este tipo de barbaridades. Tan culpable es el que se dedica a estos negocios ilícitos como el cliente que acude al lupanar a dar rienda suelta a sus instintos, o el que compra pornografía infantil en la deep web. Y les da igual, ese es el problema, que ven a las mujeres, a los niños, a las víctimas como objetos de sus deseos, y no les importa. No ven el sufrimiento que infligen, y si lo ven les es indiferente.

Belén no volvió a ser la misma, este caso la marcó mucho, hasta el punto de querer dejar la profesión para dedicarse a luchar por los derechos de los niños. Se metió de lleno en la asociación ASPASI, colaborando con ellos asesorando a menores y familias que son o han sido víctimas de abusos sexuales. Decía que se convirtió en su lucha. Pero no me dejó solo, seguía llevando casos en el despacho, pero está muy implicada con este tema, y yo admiro a mi conspicua amiga por ello.

A mí me removió el pasado, un pasado latente que creía olvidado, o por lo menos consciente de no afectarme, pero el inconsciente tiene memoria y los escalofríos, el dolor de cabeza y la desazón volvieron. Rebusqué en el fondo de mi armario, creía que lo guardaba allí, y lo encontré, mi cajita de rapé que tantos buenos momentos me había dado.

 

 

La red: película producida y distribuida por Columbia Pictures.



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