33. LA NOCHE DEL CAZADOR

                Ya no tengo edad para esto. Estoy muy cerca de casa, mejor es que me aleje y me tome el café donde siempre, al lado de la oficina. Voy a dejar esto en el coche, no sea que alguien esté fisgando. Tengo demasiado trabajo, tanto expediente me tiene harto. Mira, un puesto de helados, me daré un capricho, creo que me lo merezco, voy a aparcar aquí.

            – Una tarrina de pistacho, por favor.

            Me encanta el helado de pistacho, éste es el primero del verano, lo daré coba saboreándolo poco a poco, ¡qué bueno! Me sentaré en este banco y así estaré un momento tranquilo. ¡Hum!, qué mujer tan guapa, es lo bueno de ver pasar a la gente, te llevas gratas sorpresas. Hace tan buen tiempo…, me quedaré aquí un ratito, aunque debería comer, pero ya no me da tiempo. En diez minutos debo volver a la oficina, espero que mi jefe esté de mejor humor, no hace más que darme por saco: “que si date más prisa, que si esta cantidad está mal calculada, que si tienes que hacer horas extras…”. Me tiene hasta los huevos, no quiero contestarle porque como lo haga, aquí va a arder Troya. Pero soy un puto cobarde, siempre lo pienso pero nunca le digo nada. Tragar, tragar y tragar.

            Encima esta tarde he quedado con mi mujer para comprar lo que nos queda para la cena de mañana. ¡No soporto a esa pareja! Mi mujer se empeña en invitarles pero es que no los aguanto. Tragar, tragar y tragar. Menos mal que estas pequeñas cosas me hacen sentir vivo. Debería dejarlo, pero es que no puedo remediarlo, me hace sentir importante y bien conmigo mismo, y me encanta tener el control.

            Bueno, me vuelvo a la oficina, ya es la hora. Menos mal que es jueves, ya solo me queda un día para el fin de semana. Espero que mis hijos no quieran hacer nada especial, prefiero quedarme en casa tranquilo, arreglar el jardín, descansar…, pero seguro que me tienen alguna preparada, aparte de la cena, ¡qué pocas ganas!

            Ya llego, terminaré los expedientes que tengo pendientes y a ver si puedo salir un poco antes, estoy agotado. Mira, Nacho, qué querrá.

            – Hola García. Me tienes que hacer un favor. Verás, voy fatal con mis expedientes, me ha dicho el jefe que cuando termines me debes ayudar. Mañana tenemos que entregarlos al nuevo cliente y me está llevando de cabeza.

            – Pero es que tengo que salir antes, he quedado con mi mujer para hacer unos recados.

            – Me lo ha dicho el jefe. Ya sabes que si no hacemos lo que él quiere nos echa la bronca, así que entiéndetelas con él.

            Tragar, tragar y tragar. Estoy hasta las narices. En fin, no quiero líos, así que no tengo más remedio que obedecer, no están las cosas como para negarse. La semana pasada hubo “reajustes de personal” y se cargaron a unos cuantos, no puedo permitirme perder mi trabajo. ¡Tengo tantos gastos…! La hipoteca del chalet, el monovolumen que se le antojó a mi mujer: “es un poco caro pero es ideal para los niños…” me dice la muy petarda. Menos mal que no me deshice de mi viejo coche, y mejor que no quiera subir en él. Siempre hago lo que me dice. Mi madre me decía que no tengo personalidad, que siempre hago lo que quieren los demás, y me lo recordaba siempre. ¡Otra igual! La quería mucho, pero siempre estaba con lo mismo. Mi padre, ¡pobrecillo!, era un calzonazos. Yo soy igual que él, pero bueno, me conformo, no quiero historias.

            Voy a empezar, que luego me pilla el toro. ¡Hay que joderse!, hoy me toca otra vez salir tarde, y ¿cómo se lo digo a mi mujer? Tengo que llamarla, no tengo más remedio.

            – Ana, hola. Mira, que hoy llegaré un poco más tarde. Me han liado con más expedientes y no puedo decir que no. No, no…, pues, o me esperas o vas sola a comprar… ¿Y yo qué quieres que haga?… Por favor, no grites…, vale, lo intentaré pero no te prometo nada. Hasta luego, cariño… Está bien, está bien, lo que tú quieras, pero hoy no. Adiós.

            Ya sé que está liada, pero yo también, y ¿quién lleva el dinero a casa? No se puede quejar, gano bastante y vive como una reina, pero siempre quiere más, no lo entiendo ¿qué más quiere de mí? Un día voy a explotar y…., calma, calma. Voy a centrarme porque si no, no termino.

            – García, ya te ha dicho Campoy que tienes que echarle una mano, ¿verdad?, así que ponte las pilas, no estamos para perder tiempo.

            – Sí, jefe, no hay problema, todo controlado. Me quedaré el tiempo que haga falta, no se preocupe.

            – Así me gusta, García, trabajadores como usted es lo que nos hace falta. Venga, a trabajar.

            Maldito cabrón, luego se pone él las medallas y a mí que me den por culo. Él se marcha a su hora y yo me quedo haciendo el canelo. Un día de estos… ¡Bah!, siempre lo pienso y luego no hago nada. Tragar, tragar y tragar. Luego dicen que pasan cosas, si es que no tengo más remedio que hacerlo, me obligan, tengo la excusa perfecta.

            Ya he terminado, por fin. Me ha estado llamando mi mujer todo el tiempo, no se lo cojo porque ya sé lo que me va a decir, ¡siempre echándome la charla por todo! Ahora la llamo de camino a casa.

            Salir de la oficina es un descanso, pero ahora me espera otra. Llamaré a Ana, a ver qué quiere.

            – Hola, cariño… Sí, no podía cogértelo, estaba trabajando. Te pido perdón pero no podía… Pero no grites, no es necesario. Vale, dime qué quieres… sí. Claro que me coge de paso, pero… Vale, lo que tú digas, pero no me chilles, que te oigo perfectamente. Está bien, yo me ocupo en cuanto llegue… Ok, hasta ahora.

            Joder, está loca. Al final tengo que hacer yo la compra. Tragar, tragar y tragar. Me manda por wasap la lista que tengo que comprar. Hum, qué chica tan guapa  está cruzando, y cómo me mira…, pero tengo que centrarme, debo ir al supermercado, lo dejaré para otro día. Hoy ya tengo suficiente. Dos en un día es demasiado. A ver, Carlos, céntrate. Estoy llegando al supermercado así que aparcaré por aquí.

            Bien, ya tengo todo. Llamaré a Ana para ver si necesitamos algo más.

            – Ana, ya lo tengo todo. ¿Algo más?… Ah, pues no lo he oído. Bueno, no te pongas así. Vale, pues lo miro y ya está, no creo que sea para tanto. Por favor, no me llames eso, sabes que no me gusta. Sí cariño, pero no vuelvas a decirme eso, te lo pido por favor. Estás nerviosa y lo entiendo… Vale, dejémoslo, hablamos en casa. Hasta ahora.

            Madre mía, me pone a caldo por nada. Mira que sabe que no me gusta que me llame inútil, y me lo dice siempre que se cabrea, que es casi siempre. A ver el wasap, nuevos mensajes. Sí, aquí está…, casi no veo, necesito ya gafas de presbicia. Ok, aceite de oliva, muy bien. Pues nada, a casa, a ver qué me espera.

            – Hola, cariño, ya estoy aquí.

            – Llegas muy tarde, los niños te están esperando.

            – Ni beso, ni hola, ni qué tal el día…

            – ¿Crees que te lo mereces?, venga que no estoy para tonterías. Ayuda a los niños con los deberes, que te están esperando. Espero que hayas traído todo bien, siempre te falta algo.

            Pues nada, con los niños. Son los únicos que me respetan algo, aunque a veces se me suben a la chepa, pero por ellos, bien lo sabe Dios que aguanto por ellos.

            – Por cierto Carlos. Ha pasado algo dos calles más atrás, en el chalet de ladrillo visto tan bonito, ese que yo quería comprar pero te parecía demasiado caro.

            – Y, ¿qué ha ocurrido?

            – No sé muy bien. Hace un ratito había mucha policía y ambulancias. Creo que algo le ha pasado a la hija adolescente. ¡Es una plaga!, ya van no sé cuantas en poco tiempo, y encima ahora aquí al lado. Va a dar miedo salir de casa.

            – Vaya tela. Espero que termine esta pesadilla. En fin, voy con los niños.

            ¡Qué día, por Dios!, menos mal que están todos ya dormidos. Voy a la tele, a ver qué ponen a esta hora. Necesito un ratito de relax. Esta noche no hay caza, ya fui a mediodía, no conviene abusar. Ana es una marmota durmiendo, y puedo hacer lo que quiera, nunca se ha enterado de mis paseos nocturnos. Tranquilidad por fin… ¿Eh, qué es eso? Parecen sirenas que se acercan, ¿a estas horas? ¿Qué habrá pasado? No será….

            Me tocó defender a ese monstruo. Poco pude hacer por él, las pruebas fueron concluyentes. Ese mismo año entró en vigor la pena de prisión permanente revisable y Carlos fue uno de los primeros a los que le condenaron a ello. La policía entró en tromba esa noche en su casa pistola en mano. Le tiraron al suelo y le pusieron las esposas, ante la estupefacción de su mujer e hijos. Tragar, tragar y tragar. No opuso resistencia. Encontraron en el maletero de su viejo coche una soga, una caja de guantes de látex y un cuchillo, y posteriormente descubrieron en los asientos restos de ADN de las chicas violadas y asesinadas. Pudieron tomar a Carlos una muestra de su ADN que contrastaron con los restos de semen que extrajeron de las jóvenes.

            Su modus operandi era el siguiente: Cuando su mujer e hijos dormían, algunas noches salía de caza, como él decía, con su antiguo coche, sobre todo los fines de semana, que era cuando más oportunidades tenía. Solitarias chicas volvían a casa después de una noche de botellón, las víctimas perfectas. Las seguía a una distancia prudente y unas veces sí y otras no, aprovechaba la ocasión para meterlas en el coche a la fuerza, cuchillo en mano. Muchas veces volvía a casa de vacío, pero lo volvía a intentar otro día. Las llevaba a un bosque cercano donde a esas horas no había nadie, ya lo conocía, y allí las violaba y asesinaba. Las ponía una soga al cuello y antes de llegar al clímax, apretaba hasta estrangularlas. Le gustaba ver sus agonizantes y asustadas caras en el momento de su fallecimiento. Sentía que dominaba la situación, y se excitaba con ese sentimiento de superioridad. Cuando terminaba, dejaba allí a la víctima y se iba tranquilamente a casa, con su mujer dormida y los niños en su habitación. Era un asesino en serie que traía de cabeza a la policía, ya que no estaba fichado y no podían contrastar el ADN con ninguna muestra.

            Su forma de actuar siempre era la misma, no se salía del guión. Los psicópatas rara vez actúan de forma diferente, pero un día vio cruzar a una chica mientras él esperaba en el coche a que cambiara el semáforo. Se encaprichó de ella y la siguió. Descubrió que vivía dos calles más atrás de su domicilio, eran vecinos. Al salir del instituto a mediodía, llegaba a su casa vacía, sus padres regresaban por la tarde de trabajar y Noelia, permanecía sola unas horas, ya era autosuficiente. Así que ese día se decidió a ejecutar sus depravaciones. Salió del trabajo a mediodía, cogió el coche y lo aparcó frente al chalet donde residía la joven, era una zona bastante tranquila y deshabitada, nadie lo vería. Se puso sus guantes de látex, cogió el cuchillo y la soga que guardó en el amplio bolsillo de su abrigo. Salió del coche y se dirigió al domicilio de la chica. Ya tenía estudiado que la puerta trasera, accediendo por el jardín, era fácil de abrir, así que accedió por allí al domicilio y sorprendió a la adolescente en su dormitorio, frente a su ordenador. Le hizo lo mismo que a las otras chicas, y cuando terminó, colocó todo y volvió tranquilamente a trabajar. Pero no se percató de una cosa: Noelia estaba grabando un video para subirlo a las redes sociales, era una aspirante a youtuber, como tantos jóvenes. Se grabó todo el suceso, así que cuando la policía descubrió dicho video, fue fácil dar con Carlos, ya que los padres de Noelia lo conocían de verlo por el barrio.

            La psicopatía no es ninguna atenuante, por lo que Carlos cumplió toda la pena de prisión, y yo me alegré, a pesar de ser su letrado. Un monstruo depravado como él merecía pudrirse en la cárcel, así que yo tenía sentimientos encontrados. Por un lado, todo el mundo necesita una defensa jurídica, que desgraciadamente me tocó a mí, y por otro, estaba deseando que le condenaran. Me ponía en la piel de esos padres que habían perdido a sus hijas de esa manera, a manos de ese psicópata, y se me revolvían las tripas.

            El artículo 140 del Código Penal establece:  

  1. El asesinato será castigado con pena de prisión permanente revisable cuando concurra alguna de las siguientes circunstancias:

            1.ª Que la víctima sea menor de dieciséis años de edad, o se trate de una persona especialmente vulnerable por razón de su edad, enfermedad o discapacidad.

           2.ª Que el hecho fuera subsiguiente a un delito contra la libertad sexual que el autor hubiera cometido sobre la víctima.

            3.ª Que el delito se hubiera cometido por quien perteneciere a un grupo u organización criminal.

  1. Al reo de asesinato que hubiera sido condenado por la muerte de más de dos personas se le impondrá una pena de prisión permanente revisable. En este caso, será de aplicación lo dispuesto en la letra b) del apartado 1 del artículo 78 bis y en la letra b) del apartado 2 del mismo artículo.

            No tengo palabras para describir a Carlos cuando llevé su caso. Era una persona apocada, fría, con cara de no haber roto nunca un plato. Tenía una familia, un trabajo, una vida aparentemente normal, pero su mente enferma no funcionaba bien. Él siempre se sentía inferior, no sabía manejar sus emociones, por lo que su mente necesitaba una vía de escape, que no fue otra que cometer esos horribles crímenes para sentirse bien consigo mismo. No sentía remordimientos, ni emociones, sólo buscaba placer, no sólo sexual, también el sentirse poderoso y superior ante sus víctimas mientras éstas le miraban con terror. En fin, como he dicho antes, un monstruo que debía estar encerrado de por vida. Y no sé dónde leí que el azul es el color de los psicópatas.

 

 

 

«La noche del cazador»: Película producida por United Artists.

 

 



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